La cosa homóloga

Los conocí en un seminario sobre la lógica de Charles Sanders Pierce. Se sentaban juntos sobre un costado de la sala. Uno de ellos, Victor —era el guía; después lo visité, necesariamente — ponía tres dedos juntos a cada lado de la sien, cerraba los ojos como si quisiera hundirlos; los otros también cerraron los ojos, los vi, en ese mismo instante, en el mismo intervalo. «¿Qué les pasa a estos loquitos?», recuerdo haber pensado. Se hacían llamar los abductores —lo supe luego—, supongo que por alguna razón vinculada a la lógica del filósofo americano.

En el break íbamos todos al bar de la facu a tomar un café. Yo, aquel día estaba con Camila, mi amiga en el seminario. Logré que nos paremos al lado de los tipos, sobre el mostrador. En aquel momento Camila me decía algo, pero yo me estiraba hacia el costado tratando de escuchar la conversación de los otros. Era Victor el que hablaba:

—No sé ustedes —decía—, pero yo, esta vez, la ví —supe después que todos la habían visto en distintas oportunidades—, estaba prendida del techo con todas sus patas, estiraba esa boca repugnante en dirección al chabón de pullover rojo.

El chabón de pullover rojo era yo.

© Juan Pablo Pizzi 2021