Claudio Cesar

Volvían de una jornada de bicicleta, se aflojaban caminando por la vereda del parque.

—No me digas Armando, Clau, por favor. Prefiero “Mostro”, como me dicen mis amigos.

—No entiendo cuál es tu conflicto con “Armando”.

—”Sorete blando”; estuve todos los años de colegio soportando ese chiste, me cansé. Además: Armando, Armando, como si estuviera siempre armando algo, justo yo que me paso la vida desarmando todo.

—Un día te vas a morir de exagerado.

Detuvieron la marcha por unos segundos.

—¿Nunca te conté por qué me llamo Claudia?

—No.

Siguieron.

—Mi viejo leía mucho sobre los romanos, esas cosas, ¿viste?

—Aha, mirá.

—Y él quería tener un varón, estaba seguro que iba a tener un varón (esto me lo contó mi vieja). Entonces, como estaba con ese rollo de los emperadores decidió que mi nombre iba a ser Claudio Cesar.

—No te puedo creer.

—Sí, estaba ilusionado con un sucesor, como los emperadores, ¿viste? Y ahí vine yo, una nena, y sé que fue un golpe tremendo para mi viejo. Y entonces mi mamá decidió que me iba a llamar Claudia, un poco para calmar la angustia de él, que vos no lo conociste pero que era un tipo bastante especial.

—Decime, ¿era profesor o algo?, digo, por el tema de los emperadores. 

—No, nada que ver, era encargado de un edificio.

—Una especie de Emperador de consorcio —se rieron.

—Emperador de consorcio—repitió Claudia, y se quedó pensando— Uf, bueno, que en paz descanse –dijo, mientras señalaba con el dedo a Miriam que los esperaba en un banco de la plaza.

© Juan Pablo Pizzi – 2021

Escritores para ir de un mundo a otro

Fritz Leiber, J. G. Ballard, Cordwainer Smith, Pablo Capanna, Stanislav Lem, Ursula K. Le Guin, Christopher Priest, Brian Aldiss, Ray Bradbury, Philip K. Dick, Kurt Vonnegut, Angélica Gorodischer, Oliverio Coelho; Patricia Highsmith, Jim Thompson, Ruth Rendell, P. D. James, Henning Mankel, Georges Simenon; Paul Auster, J. D. Salinger, Ernest Hemingway, Truman Capote, Franz Kafka, Primo Levi, Philip Roth, Raymond Carver, Javier Marías; William Shakespeare, Edgar Allan Poe, Bram Stoker, Dante Alighieri , Juan Rulfo; Michel Houellebecq, Emmanuel Carrère, Pierre Lemaitre; Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Pablo De Santis, Guillermo Martínez; Mario Levrero, Juan Carlos Onetti; Andrea Camilleri, Antonio Tabucchi, Leonardo Sciascia, Italo Calvino, Dino Buzzati.

A algunos de estos escritores los he leído mucho, a otros poco, pero me han impactado, por ejemplo, Dino Buzzati. De los menos frecuentados me reservo la felicidad de las lecturas futuras —que es doble, porque es también el goce de la espera—; de los primeros la relectura. Es fuerte la sensación de ver juntos todos estos nombres. Da también algo de vértigo, ver pasar la película de la propia vida a través de las lecturas, que es comparable al vértigo que sintió el maestro Calvino, o su personaje, de cruzar de un mundo a otro.

De un mundo a otro

Hoy he llegado al mirador bajo el cual se divisa un trocito de plata, allá abajo, desierta ante el mar gris. Los sillones de mimbre de altos respaldos curvados, en cesto, para abrigar del viento, dispuestos en semicírculo, parecían indicar un mundo en el cual el género humano ha desaparecido y las cosas no saben sino hablar de su ausencia. He experimentado una sensación de vértigo, como si no hiciera más que precipitarme de un mundo a otro y a cada cual llegase poco después de que el fin del mundo se hubiera producido.

Si una tarde de invierno un viajero – Italo Calvino